P?rdidas en la traducci?n

Por admin, el 10 Dec, 2006 en TendenciasPublique su comentarioImprimir Imprimir

En el transcurso de mi primer semestre de maestría en la universidad, tuve la oportunidad de estudiar y estar expuesta a distintos temas interesantes. Aunque todos estos temas tienen un enfoque primordialmente académico, hubo uno que me llamo mucho la atención por su aplicación a mi experiencia personal—y también muy seguramente a la experiencia de muchos de ustedes.

¿Qué pasa con la literatura que leemos gracias a las traducciones? ¿Es lo mismo leer The DaVinci Code en inglés, español o francés? Es lo mismo—para los que no entienden español— ¿leer una novela de Isabel Allende o García Márquez en inglés?

Por años, intelectuales del campo de la lingüística han debatido la validez de trabajos literarios como producto de una traducción. Como ha de esperarse, están quienes no creen que las traducciones acertadas sean posibles pero por otro lado están quienes las defienden.

Como primer argumento en contra de las traducciones, algunos dicen que una traducción acertada no es posible porque siempre van a existir palabras en el idioma de origen que no tienen equivalente en el idioma al que van a ser traducidas —y por lo tanto su significado no puede ser transmitido en su totalidad. Pero los que las defienden, dicen que si lo que tratamos de hacer es una traducción de palabra por palabra, lógicamente nos vamos a encontrar con el dilema del significado de cada instancia.

Un segundo argumento, dicen algunos, explica como algunas veces si no encontramos la traducción correcta de una palabra o frase, simplemente no la traducimos y la dejamos en su idioma original, aún llamando el proceso una traducción. Este argumento me recuerda un poco de la actualidad que vivimos los hispanos y de cómo muchas veces nos comunicamos en el ya conocido “spanglish”.

Para resolver el problema del uso de palabras en su idioma original, los traductores saben que para poder traducir correctamente no sólo deben conocer la historia como tal, el idioma en el que está escrita y al que va a ser traducida sino también—y mas importante aún—el contexto de la historia y la importancia de la misma en general.

En teoría, todo suena muy fácil de hacer; pero la realidad es que en la práctica hasta los más grandes escritores han tenido alguna crítica producto—la mayoría de las veces—de una traducción mediocre. Tal es el caso, de la más reciente obra de la aclamada escritora chilena, Isabel Allende.

El 12 de noviembre, el Atlanta Journal-Constitution publicó su conocida columna de críticas de libros. Uno de los críticos, Greg Johnson, (que como dato curioso es mi profesor de ficción en la universidad) hizo pedazos la novela (en su versión en inglés) Ines of my Soul de Allende—que en español se conoce como Inés del alma mía. El crítico comenta que la novela contiene demasiados clichés así como un mal uso del verbo “to be”; estos dos elementos—afirma el crítico—tienen un efecto negativo a través de la historia. Sin embargo, me sorprendió como él mismo mencionó que estos errores fueron muy seguramente el producto de una mala traducción por parte de Margaret Sayers Peden—la traductora del libro. He aquí uno de los problemas de las traducciones: mientras la novela de Allende fue recibida con muchas expectativas y buenas calificaciones en toda América Latina, aquí en Estados Unidos, muchos la califican de mala.

Por otra parte, al parecer no todos tienen la misma suerte de Gabriel García Márquez quien, por ejemplo, calificó la traducción al inglés de su clásico Cien años de soledad como mejor que la original. El traductor de esta obra de arte de Márquez, el ya muy conocido Gregory Rabassa quien también ha trabajado para grandes como Julio Cortázar y Mario Vargas Llosa, cuenta en su libro If This Be Treason, Translation and Its Dyscontents que sin duda alguna el trabajo de la traducción no es fácil pero eso no quiere decir que sea imposible. Si no, mírenlo a él, y como gracias a su trabajo con la novela en inglés, hizo que más de medio planeta conociera del mágico mundo de Macondo.

Para mí gusto personal, lógicamente no hay nada como leer literatura en su idioma original; pero esto se vuelve un impedimento cuando los únicos idiomas que una persona habla son español e inglés. Sin duda alguna, no es lo mismo leer Cien años de soledad que One Hundred Years of Solitude; las dos novelas tienen la misma esencia pero para los hispanos parlantes (más específicamente los colombianos) son aquellos detalles peculiares lo que la hacen un relato con el que uno se puede identificar.

Hay que tener en cuenta que lo importante del debate de las traducciones es entender que la original nunca será igual a la traducción. Esto, sin embargo, no quiere decir que no estemos leyendo un trabajo literario de alta calidad. Simplemente, las idiosincrasias de cada idioma tienen la tendencia a perderse una vez traducidas a otra lengua. Por esta razón, el papel de los traductores es mucho más importante, y por ende mucho más difícil, de lo que la mayoría creen.

lbustos@revistaelite.com

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