El aceite necesario
Por Nubia Valencia, el 11 Apr, 2007 en Salud y vida • Publique su comentario •
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El consumo de pescado y el Omega 3
El pescado es bien conocido como fuente de nutrientes. Una buena alimentación debe incluir al menos dos porciones, o el equivalente a seis onzas dos veces por semana. El pescado constituye la mayor fuente de ácidos grasos poli-insaturados entre los que se encuentran el Omega 3 en dos de sus formas: EPA y DHA. Hoy en día el pescado puede obtenerse en su forma silvestre o producto del cultivo en estanques.
Existen dos tipos de ácidos grasos, ambos esenciales para el organismo. Se conoce como “esenciales” a los ácidos grasos que el cuerpo no produce sino que deben ingerirse en los alimentos; por ejemplo, el Omega 3 y el Omega 6 cuya diferencia radica en la estructura molecular. Este último, factor que, también determina el mecanismo de acción de cada uno de ellos en el cuerpo.
En la proporción de ácidos grasos que contiene el salmón por ejemplo, se han llevado a cabo estudios para determinar si la relación entre los Omegas contenidos es la misma en el pescado de cultivo y en el pescado salvaje, llegando a la conclusión de que la porción de Omega 3 y Omega 6 es mayor en los peces de cultivo (4,504 mg) que los peces silvestres (1,774mg). Esto debido a la forma en que el pescado es alimentado; sin embargo existe un factor en contra de esta ventaja: la cantidad de contaminantes, como el mercurio y otras sustancias, presentes en los estanques de cultivo.
Otros estudios y cálculos llevados a cabo por investigadores en la Universidad de Harvard, demuestran que tres onzas de salmón cultivado proporcionan 2.000 mg de EPA y DHA, mientras que otro tipo de pez, el bagre, solo proporciona 150 mg.
Los contaminantes como el mercurio, bifenoles policlorinados y el dioxano (del que se habló en la edición anterior), se adhieren no solamente en las partes grasas sino también en la porción magra del cuerpo del pescado, y al ingerirse ocasiona serios daños en el cuerpo. Por ejemplo, el mercurio cruza la placenta en mujeres embarazadas y puede ocasionar problemas en el cerebro y en el corazón del bebé.
Sin embargo son mayores los beneficios que los riesgos al consumir pescado cultivado, ya que éstos, superan en un alto porcentaje los niveles de Omega 3 proporcionados por ración. La Asociación Americana del Corazón recomienda consumir una mínima dosis de 250 mg de Omega 3 diarios para prevenir un infarto de miocardio u otra enfermedad cardiovascular; esta cantidad se obtiene fácilmente consumiendo pescado cultivado una vez por semana.
Los ácidos grasos del Omega 3 que son DHA y EPA se encuentran en las siguientes clases de pescados: el salmón, las sardinas, el caballa (mackerel), el bluefish, el atún y las truchas. La leche materna es especialmente rica en DHA más que la fórmula.
El Omega 6 es otro tipo de ácido graso esencial para el organismo. Se consideran principalmente dos tipos en este grupo: El ácido linoléico (ALA) y el ácido araquidónico, encontrados primordialmente en los cereales, el pan de grano completo, en la mayoría de los aceites vegetales, huevos, pollo y en la repostería. El ALA también se encuentra en el grano de soya, semillas de lino (flax seeds), aceite de canola, nueces y vegetales de hoja verde oscura y el tófu.
Debe existir una correlación entre los Omega 3 y Omega 6 en una proporción de 1:1 primordialmente; sin embargo la relación predominante en la dieta de los americanos es el Omega 6 con un gran déficit de Omega 3. Esta discrepancia puede causar ciertas enfermedades como la depresión y ciertos tipos de cáncer.
El Omega 9, tercero dentro del grupo de los Omegas se encuentra principalmente como ácido oleico, componente principal del aceite de oliva, y a diferencia de los dos anteriores, éste no se considera esencial, es decir, el cuerpo lo puede producir. Un déficit de este Omega, por ejemplo, se presenta en las personas con dietas vegetarianas.
Existe una gran aceptación por parte de los científicos y profesionales médicos en Munich, Alemania y en los Estados Unidos, gracias al cúmulo de investigaciones que hoy en día se están desarrollando sobre los beneficios del Omega 3. Tanto así, que ahora existe un nuevo examen para cuantificar el Omega 3 en la sangre denominado el “índice de Omega 3”, definiéndolo como el porcentaje de EPA y DHA en la membrana de los glóbulos rojos.
El Omega 3 es considerado como uno de los principales componentes del cerebro y del sistema nervioso, y esencial en el desarrollo embrionario cerebral de los bebés.
Otras aplicaciones de el Omega 3 se han evidenciado en estudios relacionados con la depresión, los desordenes bipolares, el desorden de atención e hiperactividad; así como sus beneficios para disminuir los triglicéridos y el colesterol, la progresión de la placa arteriosclerótica y los problemas cardiovasculares. Además, el Omega 3 juega un papel importante en la fertilidad, el crecimiento, la división celular, la artritis, el lupus y el asma. La depresión post-parto, por ejemplo, esta ligada a bajos niveles de Omega 3, particularmente en mujeres que están lactando, porque la mayor parte de el DHA pasa al recién nacido.
En las tiendas se encuentran presentaciones de Omega 3 DHA y EPA en cápsulas, no todas de buena calidad. Las personas que toman más de tres gramos al día deben hacerlo con precaución, preferiblemente bajo la supervisión de un médico, debido a que en dosis muy altas, el Omega 3 puede ocasionar sangrado; por ésta misma razón se debe tener mucho cuidado cuando se combina con algún tipo de medicamento anticoagulante o simplemente con aspirinas.
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