Inmigraci?n: El debate sin fin

Por , el 6 Jul, 2007 en ComentarioPublique su comentarioImprimir Imprimir

El pasado miércoles 13 de junio se celebró en San José, California, la convención anual de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ por sus siglas en inglés). Uno de los invitados a esta reunión fue el ya muy conocido gobernador de California, Arnold Schwarzenegger.

Éste dijo a los periodistas que los inmigrantes de origen hispano debían apagar los canales de televisión en español para forzarse a hablar inglés. Las palabras de Schwarzenegger resonaron en los medios de comunicación y se convirtieron en una de las notas de la semana. El gobernador fue causa de burlas y críticas muy fuertes porque parece haberse tomado el tema muy a la ligera.

Sin embargo, Schwarzenegger no habló inocentemente, más allá de que se le calificara de ignorante, el gobernador sabía que con sus declaraciones iba a causar controversia y más ahora que el debate sobre las leyes migratorias está en un punto crucial. Por un lado, el Presidente Bush hace presión para que los representantes del Congreso acepten la propuesta del camino hacia la legalidad; por otro los Senadores, tanto Demócratas como Republicanos, discuten si deberían reformular esta propuesta o si la aceptan tal cual está.
De 2006 a 2007 han variado las propuestas para consolidar un plan migratorio justo, pero no se ha llegado a ningún acuerdo y, es más, en el Congreso todavía no se puede definir cuál es el papel de los inmigrantes ilegales en este país. Si partimos de que lo más elemental no está claro aún, entonces se concluye que a esta discusión le queda un buen trecho. Si analizamos la historia de la migración en Estados Unidos podemos darnos cuenta de que la indefinición es una constante.

Y para muestra un botón; el 17 de junio la Associated Press presentó un resumen de los casos más extremos sobre restricciones migratorias en el país. He aquí algunos de ellos. En 1882, el Congreso prohibió la entrada al país a todo trabajador de origen chino; para 1924 la prohibición se extendió a regiones enteras de Asia (se presume que ésta ha sido la reforma migratoria más restrictiva en la historia migratoria del país). Asimismo, durante las primeras cinco décadas del siglo XX, hubo una regulación muy estricta para los europeos. Si bien es cierto que el europeo fue más aceptado, también lo es que no todos los que deseaban formar parte de la nación lo lograron. Según Michael Quinn, profesor de economía en el Bentley Collage de Massachussets, siempre ha existido una dicotomía marcada en el país cuando se trata de inmigración. Una cosa es lo que creemos es la base de esta nación y otra muy diferente las acciones que realmente se toman en nombre del bienestar del país. La Historia nos muestra una intricada relación amor-odio que no se ha resuelto todavía. Ante la imprecisión cabe preguntarnos entonces qué debemos esperar de la propuesta más reciente para la regulación migratoria.

En primera instancia, nos encontramos ante un George W. Bush que pretende dejar como parte de su legado una reforma legal equitativa. Siendo así, la cuestión migratoria constituye uno de los puntos centrales dentro del Congreso. Segundo, hay que recordar que la nueva propuesta casi fue desaparecida hace dos semanas, ya que sobretodo para los más conservadores, ésta podría devenir en amnistía y “no es lo que el país necesita en estos momentos”. Con todo, la propuesta se ha puesto en debate otra vez esta semana y hasta que no se llegue a un acuerdo la discusión seguirá abierta.

Ahora bien, la posible reforma ofrecería la posibilidad de darle a todo inmigrante ilegal un permiso de trabajo casi inmediato por un mes y también de obtener la residencia en un periodo que iría de ocho a 13 años. Sin embargo, habría que pagar primero una multa por haber ingresado al país ilegalmente y también habría que regresar al país de origen por ciertas temporadas. Una vez arreglada la situación individual se procedería a arreglar la situación de los familiares inmediatos, la cual tomaría un tiempo considerable. Si se deseara que aquellos parientes fuera del núcleo familiar obtuvieran la residencia se tendría que demostrar que sus habilidades de trabajo son necesarias en Estados Unidos y también que saben hablar inglés, entre otros requisitos. Con los familiares no inmediatos se aplicaría un sistema de puntuación: entre más puntos más posibilidades para obtener un permiso temporal de trabajo.

Así pues, el sistema de inmigración que ha regido por cuarenta años al país cambiaría totalmente y se basaría más en un proceso individual que grupal, por lo tanto requeriría de muchos recursos monetarios y humanos para llevarlo a cabo. De acuerdo con Shannon O’Neil, autora del artículo “The Fundamental Flaws of Immigration Reform”, publicado en el Washington Post, a esta propuesta le fallan dos puntos. El primero se basa en la burocracia que prevalece en el sistema gubernamental de inmigración y el segundo en el cambio demográfico que se espera en el país en los próximos años. Según O’Neil, en las próximas décadas la demanda por trabajadores se va a acelerar ya que los “baby boomers” (primera generación tras la Segunda Guerra Mundial) se están retirando de la fuerza laboral, y la generación que le sigue, la X, tiene 15 millones menos de personas que la “baby boom”. Como resultado, Estados Unidos va a necesitar más inmigrantes para llenar los puestos de trabajo y así mantener su sistema económico. Hasta ahora, no se ha visto que el Congreso haya tocado estos puntos fundamentales para establecer la reforma. Más que nada se ha dado vueltas a un sinnúmero de reglas que tampoco aseguran un control o una mejoría para los inmigrantes.

El asunto no se puede reducir a dejar de ver la televisión en español, árabe o coreano; tampoco a dejar pasar algunos años para obtener la residencia permanente. La cuestión es mucho más complicada porque incluye factores de demanda laboral, crecimiento poblacional, educación para todos y otros factores sociales que no aparecen en la lista de los Senadores. Hasta ahora, la reforma se ha enfocado en dar soluciones que “protejan la nación”. Sin embargo, éstas carecen de una visión a largo plazo y de un acercamiento a la realidad, la cual es muy simple, el inmigrante hace un viaje con miras a quedarse y estar mejor; de ahí parte todo.

aplascencia@revistaelite.com

Amira Plascencia reside en Houston , Texas. Obtuvo su MA en Literatura Latinoamericana de la Universidad de Calgary, en Canadá, y actualmente está preparando un doctorado en Literatura Hispana en la Universidad de Houston.

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