Salud e inmigraci?n
Por admin, el 9 Aug, 2007 en Comentario • Publique su comentario •
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El VIH como detonante social
El pasado 17 de julio, The New York Times publicó una nota alarmante sobre la vida de algunos inmigrantes mexicanos en los Estados Unidos. El título del texto es “Mexican Migrants Carry H.I.V. Home” y fue escrito por Marc Lacey. Como su título lo menciona, el artículo habla del sida y sus consecuencias actuales en la población específicamente mexicana que emigra a este país. El argumento es interesante y sin duda abre un espacio para la investigación medico-social de este fenómeno.
Lacey cita a George Lemp, epidemiólogo de la Universidad de California que hace un estudio sobre el sida en los inmigrantes, quien opina que las condiciones en que estos viven incrementan los riesgos de contraer la enfermedad, ya que son más vulnerables estando lejos de sus hogares y están expuestos a distintas prácticas sexuales.
Igualmente, Lacey cita a Jennifer S. Hirsch, profesora de salud pública en la Universidad de Columbia, quien en un estudio descubrió que los maridos infieles, que bajo otras circunstancias no habrían cometido infidelidad, son los más propensos a contraer sida porque buscan tener relaciones sexuales con prostitutas y no con una pareja estable. Incluso se han presentado casos en los que algunos hombres inmigrantes que viven en Los Ángeles han tenido contacto sexual con otros hombres a cambio de dinero. Otro estudio hecho por la California-Mexico AIDS Initiative encontró que el porcentaje de mexicanos que han vivido en los Estados Unidos y contrajeron el VIH fluctuaron del 41 al 79 por ciento entre las décadas de los 80 y 90, sin embargo a partir de 1992, las estadísticas en México no han presentado cifras globales.
Ahora bien, el artículo presenta un punto crucial, y es que lo estudios que Lacy expone sólo reflejan investigaciones hechas en los Estados Unidos. Lo que se presenta de México es una pequeña parte de las grandes dimensiones de este problema. En el artículo, el autor expone algunos casos ocurridos en el Hospital General de Puebla donde la Dra. Indiana Torres dijo que el 22 por ciento de aproximadamente 1.000 casos de sida o presencia del VIH se dan en pacientes que han inmigrado mayormente a la ciudad de Nueva York. Es más, de acuerdo con el doctor George Lemp, los primeros casos de sida que fueron detectados en México en 1983 se encontraron entre los inmigrantes.
Desde esa fecha se ha revelado un alto porcentaje de inmigrantes infectados. Según las estadísticas publicadas por las Naciones Unidas en el año 2006, la tasa de infección en las personas de 15 a 49 años en los Estados Unidos es de cerca de 0,6 por ciento, comparado con México que tiene un 0,3 por ciento.
Si las estadísticas no mienten, entonces Estados Unidos todavía tiene una tasa alta de contagio. No obstante, lo preocupante es que la infección sigue un curso inevitable, en el que cada vez se presentan más casos de infectados(as) por las parejas que han emigrado al llamado “país del norte”. Lo más alarmante es que, según los estudios, la enfermedad se está presentando en las zonas rurales de México, donde los centros de atención médica carecen de los recursos necesarios para tratar la enfermedad y también en donde la información sobre el sida y VIH es casi nula. Asimismo, hay que notar que en ninguna de las dos fronteras se ha hecho algo contundente para que la situación disminuya.
El gobierno mexicano empezó con el programa “Ve sano, regresa sano”, en el cual advierte a los inmigrantes sobre el tema. Igualmente tiene un programa para administrar medicamentos a las personas que hayan contraído el VIH dentro o fuera del país; pero no es suficiente, ya que las medicinas no llegan a las zonas más alejadas de México. A la vez, preocupa la cuestión de que al inmigrante se le “envíe como soldado del batalla a los Estados Unidos” y se le pida que regrese sano, así simplemente. Parece que no se toma en cuenta la soledad, la desesperación, las barreras del lenguaje, entre otros factores.
Por otra parte, el hecho de que el articulo sólo presente casos en el Hospital General de Puebla, México, quiere decir que la investigación sobre el tema aún está en pañales y, es más, ignoramos las cifras de otros países centro y suramericanos donde la inmigración es un hecho también común.
La salud es un tema que rara vez se toma en cuenta cuando se habla de problemas de inmigración, sin embargo es un punto latente y que se tiene que afrontar públicamente. Si no, ¿qué les espera a aquellos que cruzan las fronteras sin protección ni información alguna?, ¿dónde está el control médico?, ¿hasta qué punto tendremos que esperar para hacer ver a las autoridades de ambos lados que los inmigrantes y sus familias están sumamente desprotegidos?, ¿qué pasa cuando la enfermedad no viene desde el otro lado de la frontera, sino del país que supuestamente cuenta con un control estricto e investigaciones de vanguardia?
En todas partes se habla de igualdad para todos, de un modo eficaz y legal para establecer la residencia en los Estados Unidos, de maneras para mantener el trabajo pujante, etc. Sin embargo, volvemos a las cuestiones básicas: ¿Dónde se habla de salud, educación y bienestar?, ¿hasta qué momento los líderes van a voltear la cara para enfrentarse a estos problemas sociales?, ¿cuánto tiempo más hay que esperar? Las preguntas abundan y en la prensa no especializada no se han encontrado otros textos que abarquen este tema, lo cual deja un amplio espacio para la reflexión. ¿Usted qué piensa?
aplascencia@revistaelite.com
Amira Plascencia reside en Houston , Texas. Obtuvo su MA en Literatura Latinoamericana de la Universidad de Calgary, en Canadá, y actualmente está preparando un doctorado en Literatura Hispana en la Universidad de Houston.
