Dragon War
Por admin, el 11 Oct, 2007 en Cine • Publique su comentario •
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De serpientes y dragones En la edición pasada comenté sobre la película Starddust, manifestando mi inquietud sobre la importancia de su entretenimiento versus el contenido de la historia, siendo uno de estos dos los que describen la agenda de los estudios de Hollywood. Ofreciendo disculpas y siendo fiel a mi terquedad, la película de este mes encausa un tema personalmente inevitable: “Películas de magníficos efectos con pobre contenido”. Dragon War (D-War, como la llamaban en su apertura en los cines) es un ejemplo más de aquellas películas que primero piensan en cuánto tienen que invertir (tiempo y dinero) para entretener gráficamente y no de forma sustancial. Cinematografía Lastimosamente, el esquema que diseñé para comentar sobre las películas empieza por esta sección. Y digo esto, porque es lo mejor (y lo único) bueno que tiene esta cinta. Entonces, les pido a los lectores que terminen el artículo para que no se creen falsas expectativas después de esta sección. Los efectos especiales son fenomenales y sus secuencias de combates muy bien sincronizadas. La mayoría de los combates suceden en pleno centro de Los Ángeles, lo que le da un toque más de realismo a una película llena de fantasía. Helicópteros vaciando sus municiones insaciablemente; aves gigantes de perfil prehistórico zumbando por los cielos de la ciudad; tanques de guerra junto a un ejército masivo, alineados a lo largo de la calle; cientos de guerreros salidos de otro mundo marchando con enormes cuadrúpedos armados con proyectiles letales; este es el comienzo de una batalla épica de los que buscan convertir la legendaria serpiente en dragón contra los que tratan de prevenir la destrucción. La otra parte de la película que resalta por sus estupendos efectos especiales se da al final de ésta. Se disfruta una batalla monumental entre dos legendarias serpientes gigantescas que buscan su transformación final para convertirse en dragón. Sinceramente, esta película brinda una magnifica experiencia visual y tiene pasajes moderadamente largos de muy buen entretenimiento, pero su sabor final es más agrio que dulce. Personajes La historia central de esta película demanda personajes transcendentales e imponentes, los cuales no se notaron en ningún momento. Amanda Brooks, quien interpreta a Sarah, la chica destinada con el poder de transformar a la legendaria serpiente (Bukai) en dragón, declina su importancia en la historia al tener muy poca fuerza en sus argumentos como protagonista. Jason Berh (Ethan), quien es el reportero que, angustiado por sus instintos de una profecía inevitable, se compromete como el salvador de Sarah, robándole por partes el protagonismo al personaje principal de esta profecía. Como dije anteriormente, los efectos son espectaculares, pero la actuación y sus diálogos son pobres, dejando un vacío en los espectadores que por momentos son disimulados con el entretenimiento que despliega el poder visual de los efectos especiales. Discurso La película empieza con la narración gráfica de una leyenda de hace 500 años que habla de una criatura legendaria (la serpiente gigantesca, Bukai) que necesita de una joven hermosa, la cual posee el poder necesario para transformar a dicha serpiente en un ser supremo: un dragón. La joven destinada a ser perseguida por su importancia, se siente acorralada y al no controlar la presión emocional se termina suicidando con su enamorado, que en vez de liberarla, la termina atando y llevándola a la muerte. Pasaron 500 años y la profecía se repitió, esta vez en Los Ángeles, lugar de residencia temporal de criaturas titánicas y espectaculares batallas campales. De esta sección hay poco que analizar. Una película que basa una tercera parte de sí misma en efectos especiales y combates extremadamente gráficos, simplemente carece de un contexto sustancial que nutra cualquier clase de criterio. De todo esto me quedan dos conclusiones: uno, que Hollywood está leyendo muy mal las necesidades de los espectadores, consecutivamente creando agendas de blockbusters que ponen todo su esfuerzo en “lucir bien” y no decir nada; la segunda, es que inconscientemente, nosotros (los espectadores) hemos acostumbrado a Hollywood a rendir pleitesía a lo espectacular y poco a lo sustancial. Y usted estimado lector(a), ¿sería capaz de decir con propiedad a qué grupo pertenece? lpalacio@revistaelite.com
