?Que Viva Espa?a!

Por , el 10 Nov, 2007 en Observando culturaPublique su comentarioImprimir Imprimir

Crónicas desde la Madre Patria Tras nueve horas de estar estancada en dos aviones y luego de un cambio de hora de seis horas, que me dejó física y mentalmente exhausta, arribé a la Madre Patria; a España. Ese mismo día, luego de una necesitada siesta, comencé a explorar la capital. Siendo hablante nativa del castellano, me resultó algo difícil entender lo que me decían, quizás por la fuerte pronunciación de las letras C y Z, y también porque era algo extraño comunicarme exclusivamente en español, después de ocho años de haber estado utilizando “spanglish”. El segundo shock cultural fue el trato de los meseros; inocentemente entré al restaurante sin saber si sentarme o esperar a que me sentaran, y al preguntárselo cordialmente a la mesera, esta me respondió con “¿vas a comer aquí?” a lo que solo pude responder que si, mientras que pensaba en que otra cosa se podría hacer dentro de un restaurante. El tercer shock fue el de los precios. Según la directora del programa, no era necesario traer mucha ropa de Estados Unidos, ya que aun así el Euro es caro, la ropa en España es generalmente barata. Mentira más grande no puede existir, una simple bufanda que en Atlanta me costaría $7.99, cuesta aquí unos 10 Euros, los cuales tras la conversión resultan siendo unos $16. Sin embargo, no todo es quejas ni malos ratos. Madrid es una ciudad interesante, con mucha historia y un aire cosmopolita. Mi segundo lugar de estadía fue Salamanca, donde empezaría mis estudios por tres meses. La primera semana que estuve aquí, llovió torrencialmente día y noche, y mientras que decidía si era necesario o no comenzar a construir un arca, comencé a conocer esta ciudad tan pequeña y pintoresca, donde convive la juventud y la vejez en gran armonía. Ya que muchos países europeos no cuentan con grandes espacios terrenales, las casas y apartamentos suelen ser muy pequeños, y así fue como vine a parar en un pequeño pero muy acogedor dormitorio con dos camas, el cual comparto con una compañera, y con una familia que se esmeró en recibirnos con afecto. La Universidad de Salamanca queda a unos treinta minutos de nuestra casa, a pie. El lunes todos los estudiantes internacionales debíamos tomar un examen para ver en que nivel de Español deberíamos estar, y ¡oh sorpresa! resulté estando en el primer nivel. El martes comenzaban las clases a las nueve de a mañana, lo cual implicaba tener que levantarse a las 7:30 a.m., para tener tiempo de desayunar, cambiarse y caminar por media hora. En general mis tres profesores son geniales; el primero, de Lengua Española, no se cansa de corregirme cada vez que utilizo una palabra que sólo se “usa en América Latina”, la maestra de Literatura contagia su entusiasmo y su manierismo al hablar, y es gran conocedora de géneros literarios no sólo españoles pero también Latinoamericanos. La ultima clase, Historia del Arte Español, es una clase que no necesariamente quería tomar pero era la única que me daría el crédito necesario para graduarme en Georgia. Bendita la hora en que tome esta clase, sino jamás hubiese conocido al famoso profesor Enrique, el galán más cotizado de cursos internacionales al que tengo la suerte de ver por una hora todos los días. Ya han pasado tres semanas y aunque todavía siento nostalgia por mi hogar y por mi familia, no me arrepiento de haber venido, aunque todo sea tan caro (con lo que he gastado hasta ahora en comida me podría haber servido para pagar la inicial de un carro allá en Georgia). Todavía quedan un par de meses pero siento que este viaje no sólo será para perfeccionar mi español sino que me permitirá aprender sobre diferentes culturas y países, y sobre todo personas que siempre recordaré. mguzman@revistaelite.com

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