El exilio cubano y Fidel

Por Amira Plasencia, el 20 Mar, 2008 en ActualidadPublique su comentarioImprimir Imprimir

71_comentario_cuba.jpgEn esta ocasión, más que hablar de la renuncia de Castro, quisiera hablar de la identidad, el deseo y las preocupaciones de los cubanos que se exiliaron de Cuba cuando Castro entró al poder. Aquellos que empacaron sus cosas, dejaron sus bienes y empezaron un viaje que, para muchos de ellos, representó una salida sin regreso. Y para darle más sentido al tema, citaré al escritor Gustavo Pérez-Firmat, exiliado cubano desde hace ya más de 40 años y quien ha expresado de una forma fascinante el sentir del cubano exiliado.Pérez-Firmat es uno de aquellos cubanos que llegaron a Key West, Florida –o para decirlo a la cubana: Cayo Hueso– cuando eran todavía niños. Ellos llegaron a los Estados Unidos con sus familias a causa de la revolución cubana, se quedaron a causa de la revolución cubana y permanecen aquí, en cierta forma, a causa de la revolución cubana.

Sus vidas han cambiado, han crecido lejos el país de origen y ya son más estadounidenses que cubanos. Sin embargo, la condición de exiliado ha forzado, tanto a Pérez-Firmat como a muchos otros exiliados cubanos, a preguntarse más de una vez: qué significa el exilio, cómo se define la identidad cuando se ha salido de la patria por motivos políticos y qué se hace con la carga cultural una vez que se llega a otro país.

El escritor trató de contestar estas preguntas en su novela Next Year in Cuba. A Cubano’s Coming-of-Age in America1 la cual fue publicada originalmente en inglés y después el mismo Pérez-Firmat tradujo al español hacia 1997 con el título: El año que viene estamos en Cuba2. Ambas versiones cuentan con un prólogo que si bien fue escrito en 1994, tiene aún validez, ya que la situación cubana, con todo y la renuncia al poder por parte de Castro, carece de un futuro predecible.

Lo que es más, los diarios, la televisión y la radio, no dieron señales grandiosas de los hechos, simple y sencillamente porque los hombres de Castro siguen en el poder. En la “Pequeña Habana”, en Miami, los cubanos expresaron sus ideas sin demasiada emoción (http://www.nytimes.com/2008/02/19/us/19cnd-miami.html?ex=1361163600 en=6059663fe03c8d7a ei=5124 partner=permalink exprod=permalink) , algunos, los más optimistas, expresaron que todo cambio es positivo, otros, que todo daba igual, Castro sigue en el poder y ya está.

Muchos han perdido la esperanza de volver a la patria, ya casi perdida, otros simplemente ya no desean hacerlo porque sus raíces se han establecido en otro país. Sin embargo, se mantiene de fondo la expectativa y los eternos cuestionamientos. Y es que la energía realmente renovada de los exiliados se sintió en 1991, cuando cayó la Unión Soviética. Pérez-Firmat recuerda esos momentos en el prólogo de su novela:

“Miami. Corre julio de 1991 y los exiliados cubanos estamos alborotados. El desmoronamiento de la Unión Soviética nos ha devuelto la esperanza de ver la caída de la dictadura castrista. El gobernador de la Florida ha nombrado una comisión para planificar la repatriación ordenada de los exiliados; hay agencias de viajes que están reservando pasajes a Cuba; y diversas organizaciones del exilio se preparan –con excesiva avidez quizás—para ocupar el poder en un futuro gobierno. Muchos exiliados que habían descartado la idea de volver a su patria han vuelto a creer en el regreso” (iv), y prosigue:

“Durante ese verano delirante, la febril anticipación de la caída de Fidel Castro ha inspirado varias canciones, y la más popular es “Nuestro día ya viene llegando”, una composición de Chirino que vaticina el final del régimen castrista. Hace semanas que esta melodía flota en el aire como una brisa” (vi).

El momento del regreso parecía haber llegado, la comunidad cubana de Estados Unidos esperaba una Cuba renovada, con planes hacia el futuro. No obstante, la retirada de Castro no se dio en ese momento, el gobierno tampoco cambió mucho, aún así, se vislumbraron los cambios:

“Escribo estas frases en agosto de 1994, cuando la situación política en Cuba parece estar en transición. La economía de la isla sigue en ruinas y el descontento público va en alza. El cinco de agosto miles de cubanos se lanzaron a las calles de La Habana para expresar su descontento con el régimen –la primera vez en muchísimos años que ocurre una manifestación así. A la vez, los balseros siguen llegando. Aunque nadie puede vaticinar qué va a pasar en Cuba, y aunque es error subestimar la capacidad de resistencia de Castro, no cabe duda que la dictadura ha entrado en sus fases finales” (xi).

Han pasado catorce años, y si bien el poder de Castro no se ha ido del todo, quiero coincidir con Pérez-Firmat y pensar que los cubanos, tanto los que dejaron la patria como los que se quedaron en ella, han de ver cambios políticos y sociales palpables en un momento no muy lejano. Con todo, más allá de Fidel, para el exiliado la definición de la identidad queda en un plano confuso y eso ha causado un desconcierto general. Las nuevas generaciones, las de los hijos de aquellos cubanos que llegaron cuando niños, ya no conocen Cuba, conocen la Cuba de los abuelos y los padres, conocen la patria imaginada, mas están lejos de aquel ideal cubano; los pertenecientes a estas nuevas generaciones ya no son cubanos, sino estadounidenses.

Pérez-Firmat expresa su sentir de la siguiente manera:

“Para cubanos americanos como yo, el cambio en Cuba acarreará alivio y perplejidad –será un alivio porque le pondrá punto final a una larga pesadilla histórica, pero nos dejará perplejos porque nos veremos obligados a abandonar maneras de pensar y sentir que nos han sostenido por más de treinta años. El destierro es sin duda desconcertante, pero después de tres décadas de exilio, la posibilidad de regreso puede ser más desconcertante aún. ¿Qué le sucede al exiliado que puede volver y decide no hacerlo? ¿En qué se convierte? ¿En un posexiliado, un ex-exiliado? Cuando el régimen de Castro desaparezca, vivir como cubano en Estados Unidos tal vez será más y no menos difícil. Hasta ahora hemos sido exiliados. Después de ese momento tendremos que ser otra cosa. Por lo menos el exilio es una identidad (para algunos ha sido también una carrera). Pero no queda del todo claro qué es lo que viene después del exilio si no es el regreso” (xi).

Las preguntas quedan abiertas, nuevas preocupaciones surgen ante la posibilidad de regresar, pero en realidad no podemos saber qué es lo que va a pasar, lo único que queda es el deseo y la expectativa.

aplascencia@revistaelite.com

Foto: chihuas

1. Pérez-Firmat, Gustavo. Next Year in Cuba. A Cubano’s Coming-of-Age in America. Arte Público Press: Houston, 1995.
2. Pérez-Firmat, Gustavo. El año que viene estamos en Cuba. Arte Público Press: Houston, 1997.
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