Amas de casa desesperadas

Por Amira Plasencia, el 9 Apr, 2008 en ComentarioPublique su comentarioImprimir Imprimir

Un caso televisivo desesperante.

Jueves 27 de marzo, 9 de la noche, Univisión; me echo en el sillón y me preparo para ver un capítulo de “Amas de casa desesperadas” (Desperate Housewives). Por supuesto, con su versión en español y adaptada para el público hispano de los Estados Unidos. Puedo reconocer el mismo formato que tiene la versión en inglés, a los personajes “a la latinoamericana” y también puedo ver el mismo hilo de la historia original. Sin embargo, esta adaptación no termina de gustarme, y eso que he visto la versión en inglés y también la argentina –una de las primeras adaptaciones del original a otra lengua y cultura-, las cuales me han parecido más convincentes. Entonces, ¿qué es lo que no me cierra en esta versión? ¿Es el reparto? No, no es eso, los actores son de primera. ¿Serán entonces las locaciones? No, tampoco es eso, dentro de todo se mantienen imágenes que puedo reconocer. En realidad, son detalles mucho más sutiles los que no me permiten disfrutar del programa. Y para muestra, unos cuantos botones como ejemplo del capítulo que vi.

Bien, para comenzar, los personajes que viven en la calle Manzanares están en la búsqueda de Marta López, una vecina que ha desaparecido desde hace varios días, de ahí que un anuncio de “Se busca” aparezca en la pantalla. ¡Qué curioso! ¡El anuncio es bilingüe! En la parte de arriba dice “Missing”, luego viene una foto de la mujer desparecida, y abajo, con letras más pequeñas, podemos leer “Se busca”. El punto del anuncio bilingüe es claro: vivimos en Estados Unidos, el idioma oficial es inglés. Sí, está bien, solamente que hay un “pero”, y es que en la calle Manzanares pareciera que todos hablan español. En la escena de la búsqueda no se ve diversidad étnica, hay solamente latinos. Empezamos mal. Con todo, pienso que no hay que exagerar, ya que aunque en la versión en inglés notamos un poco más de diversidad étnica, sigue dominando la piel blanca en la calle de Wisteria Lane.

Seguimos con la escena de la búsqueda y la cámara se enfoca en tres amas de casa desesperadas: Susana Martínez (interpretada por la venezolana Scarlet Ortiz), Regina Sotomayor (Julieta Rosen, mexicana) y Leonor Guerrero (Lorna Paz, colombiana). En esta escena, donde se supone que la mayoría de los vecinos están buscando a una persona que incluso podría estar muerta, las tres amigas van de paseo, totalmente despreocupadas de la vida, hablando cual si estuvieran tomándose un cafecito.

De repente, Susana dice en voz alta: “¡Miguel me dijo que me ama!” y las otras dos amigas estallan en gritos de emoción. ¡Sonamos! Primero, en una situación así, donde la vecina desparecida es además tu amiga, no cabe la alegría desparramada, al contrario, un poco de preocupación le vendría bien a la escena.

Pero está bien, dejemos eso pasar y enfoquémonos en el “Antonio me dijo que me ama”. Aceptémoslo, para un latinoamericano un “te amo” es especial, pero hasta cierto punto, no es como el “I love you” de los Estados Unidos, que al pronunciarlo es porque se quiere pasar a otro nivel, sentimentalmente hablando. Sin embargo, para un latinoamericano el “te amo” no constituye un problema cultural de esa magnitud, la frase puede venir en cualquier momento, en cualquier lugar, bajo cualquier circunstancia. Aún pensando que había una intención de apegarse a la cultura de los Estados Unidos, no terminó de cerrarme la idea porque la expresión venía de una venezolana que evidentemente no había nacido en el país y que, al menos bajo mi perspectiva, tiene otros registros culturales en su haber. De ahí que el argumento me sonó totalmente falso y fuera de lugar.

Han pasado unos veinte minutos desde que comenzó el programa y mi paciencia empieza a contarse a cuentagotas. Sigo viendo y me detengo en una escena donde están Leonor y su esposo Antonio Guerrero (Diego Bertie, peruano) en un centro comercial. Ambos cargan con bolsas de Target y van por las escaleras eléctricas. Ella le pide a él que acepte que le gusta la niñera que han contratado, y ahí empieza una discusión matrimonial bastante sabrosa, la cual culmina cuando cierran el paso a todos aquellos que quieren subir a la escalera.

De ahí que un tipo le diga a Antonio algo así como: “Entonces qué, wey, ¿vas a aceptarle que te gusta la niñera?”. ¡He acá otra cosa que me molesta! ¡El batidillo de argots! No, no crean que estoy en contra de la rica diversidad que representa el castellano en este país, lo que me incomoda es que la serie no logre consolidar este punto de una forma más natural, como lo haríamos normalmente entre amigos. Muchos diálogos resultan forzados, más porque se está luchando por mantener un español estándar que definitivamente no funciona y hace que lo lindo de los argots se pierda en los lugares comunes de la lengua.

Lo que es peor, no se está tomando en cuenta la relación acento-nacionalidad-legado cultural, y esto se demuestra en la relación entre Susana y su hija Julie, quienes tienen un acento totalmente distinto al hablar. Entiendo que es posible que los tonos al hablar cambien cuando se está en constante contacto con otras variedades de la lengua, sin embargo, los hijos mantienen un tono y argot parecido al de los padres, ya que, por lo general, son estos los que procuran que la lengua se mantenga.

No obstante, el tono de voz de Julie, quien habla perfecto español a pesar de vivir en un ambiente donde domina el idioma inglés, no se parece en nada al del padre o al de la madre. Nuevamente, estamos ante un contexto poco real. Y así, a medida que veo el programa, me van saliendo más canas, hasta que por fin se acaba la emisión y apago el televisor a punto de pedir un té de valeriana para los nervios.

Como podrán notar, lo que me molesta es la acumulación de detalles culturales muy finos que no logran embonar y que, en conjunto, también afectan la producción y hasta la actuación de los artistas. Con todo, acepto que Univisión le ha puesto toda la mano a la serie, no ha escatimado en cuanto a la producción. Además, cuando se estrenó en enero de este año, “Amas de casa desesperadas” captó la atención de un poco más de cinco millones de personas en los Estados Unidos, según las estadísticas de la empresa Nielsen Media Research , cifra que arrasó con las estadísticas existentes para la televisión hispana. Se nota que Univisón está apostando por un nivel televisivo más global que pretende abarcar varios tipos de público. Supongo que eso está bien, sin embargo, a este primer intento le hace falta madurar y encontrar un estilo más genuino.

aplascencia@revistaelite.com

Fotografías © ABC

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