La batalla por la nominación presidencial del partido Demócrata puede depender de los superdelegados
Por Alejandro A. Leal, el 4 Apr, 2008 en Actualidad • Publique su comentario •
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Pese a lograr una serie de victorias en las diferentes elecciones llevadas a cabo en febrero, una encuesta realizada por el New York Times y la cadena CBS reveló que el apoyo recibido por el Senador Barrack Obama entre Demócratas empieza a ceder. Mientras que el porcentaje en las encuestas de opinión se encontraba en un 69 por ciento a favor en febrero, pero según la encuesta Obama ha perdido siete puntos porcentuales de favoritismo y recibe un 62 por ciento.
Según la misma encuesta, el 36 por ciento de los participantes que se enteraron de la polémica despertada por el Reverendo Jeremiah Wright, pastror de Obama, indicaron que ahora tienen una imagen menos favorable del Senador. Lo que muestra que aunque la controversia se centró en unos comentarios elevados por el clérico desde su púlpito, sí lograron afectar la imagen de Obama.
Por supuesto, que una persona allegada a un político genere un escándalo por acciones indebidas o comentarios imprudentes no es noticia; pero en el contexto del actual proceso de nominación del partido Demócrata, cualquier nivelación en las encuestas que logre el otro candidato, la Senadora Hillary Clinton, sin duda prolongará el proceso electoral.
Por su parte, Clinton se ha mantenido firme en su decisión de permanecer en la campaña por la nominación, aún cuando empiezan a surgir indicadores que sería mejor si renunciara. Por un lado, dos veteranos Senadores Demócratas hicieron pública su petición a la Senadora para que abandonara sus intenciones de convertirse en la primera presidenta en la historia del país. Por supuesto, Clinton se negó rotundamente, “Entre más gente tenga la oportunidad de votar, será mejor para la democracia”, dijo.
Aunque el mismo Obama opinó que Clinton no debería sentirse presionada a reinunciar, la realidad es que más y más demócratas bien ubicados en la jerarquía del partido están saliendo a favor del Senador de Illinois.
Uno de ellos, el actual gobernador de Nueva Mexico, Bill Richardson, quien también fuese candidato en estas mismas elecciones (y el único candidato hispano) se postuló a favor de Obama en una presentación de campaña del Senador a mediados de marzo.
En un principio, se especuló que el apoyo de Richardson significaba una nueva estrategia de la campaña de Obama para tratar de ganar el voto hispano; pero la verdadera estrategia tiene algo que ver con la posición que tiene el Gobernador dentro de su partido.
Richardson es un “superdelegado”, es decir, un representante del partido a la hora de realizar la convención nacional.
Al nominar sus candidatos presidenciales, cada partido tiene reglas diferentes de cómo elige los representantes de cada estado. Para los demócratas, existen delegados que tienen la obligación de seguir los resultados de las elecciones locales (primarias y caucuses) y delegados que pueden dar su apoyo al candidato de su escogencia.
Este último grupo de delegados se les conoce como “superdelegados” ya que no están obligados a dar su apoyo al ganador, y por lo general, está compuesto de personas de importancia dentro del partido así como oficiales que ejercen cargos públicos, tal como el gobernador Richardson.
Se piensa que este año será la primera vez desde que se creó el sistema de los superdelegados en 1980 que decidirán las elecciones.
El partido Demócrata cuenta con 796 superdelegados, y hasta el momento, se desconoce con certeza cuantos de ellos apoyan a Obama o a Clinton. Ahora que Richardson se pronunció a favor de Obama, tal como lo hicieron los Senadores Edward Kennedy y John Kerry (ambos de Massachussets), cada vez se intensifica más la campaña.
Indudablemente, nada está definido. Hasta el momento, Obama cuenta con 1626 delegados en general mientras que Clinton tiene 1486. Ambas cifras incluyen los superdelegados que hasta al momento han revelado a quien dan su apoyo, y pese a ser Obama quien ha obtenido el mayor número en general, es Clinton quien ha recibido mayor número de superdelegados (243 a 212 de Obama).
Las próximas elecciones se llevarán a cabo en Pennsylvania, estado donde Clinton cuenta con nueve puntos de ventaja en las últimas encuestas (cifra que hasta el cierre de esta edición se venía reduciendo). Si Clinton gana, se mantiene el status quo, pero si es Obama quien sale triunfador, habrá mayor presión para que Clinton abandone la campaña.
Algo que hasta al momento, se ha dicho tras cada triunfo del Senador de Illinois.
aleal@revistaelite.com

