La obesidad y la comunidad latina: Un problema crítico
Por Amira Plasencia, el 7 May, 2008 en Comentario • Publique su comentario •
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El tema de la obesidad en los Estados Unidos no es nada nuevo. En los últimos diez años, los diversos medios de comunicación han destacado que, en general, la población del país sufre más que nunca a causa del sobrepeso. La diabetes, la hipertensión y la elevación de grasas en la sangre son sólo algunas de las consecuencias de la obesidad; y no hablemos de los problemas psicológicos que ésta acarrea.
Desgraciadamente, la obesidad es un mal al que pocos le ponen la atención que requiere, ya que se le considera más como un problema de belleza que como un detonante de problemas de salud graves. En la comunidad hispana esto no es la excepción, la obesidad es una de las complicaciones de salud más alarmantes que enfrentan los latinos en los Estados Unidos hoy día.
Los factores que aceleran esta situación son varios: la mala alimentación, la falta de ejercicio y las presiones constantes de la vida diaria, entre otros, aceleran el proceso. No obstante, la obesidad también tiene su raíz en nuestra percepción cultural. Frases como: “si estás gordito, eres una persona saludable”, son comentarios que muchos de nosotros hemos escuchado desde niños, y de ahí que sufrir de sobrepeso no se considere un problema de salud.
Y sin embargo, lo es, así como lo es el estar excesivamente delgado. En una entrevista publicada en el 2006, la nutricionista Claudia González dijo que, según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), el 34.4 por ciento de los obesos analizados entre 1999 y 2000 corresponde a adultos hispanos, mientras que en la población anglosajona el índice es del 28.7 por ciento.
Por supuesto, habría que analizar en detalle cómo fue realizado el estudio de la CDC, ya que, de primera mano, sería injusto estudiar los dos grupos étnicos sin definir los factores socioeconómicos en los cuales se desarrolla cada una de estas comunidades.
Aun así, y más allá de estos primeros datos, la especialista en nutrición hace ver que los latinos tienen muchos factores en contra si se trata de atacar la obesidad, sobre todo en el caso de los niños: “Aparte de los malos hábitos alimenticios, se ha confabulado también una tendencia genética a la obesidad y a la diabetes y la ausencia de un sistema de medicina preventiva. La mayoría de los padres [latinos] no cuenta con un seguro médico y acude al especialista cuando la situación está totalmente fuera de control o el niño presenta ya síntomas de diabetes o presión alta. Además, la pérdida de la dieta latina (granos, fríjoles, fruta, pescado fresco, vegetales) y la vida sedentaria de los niños (absortos en casa ante los juegos electrónicos o el televisor) son causas determinantes del incremento de la obesidad”.
Esto no es todo, también tenemos que pensar en aquellos factores que no dependen directamente de los padres de familia, tales como la comida que se les da a los niños en las escuelas actualmente (cada vez más grasas y azúcares y menos proteínas, frutas y verduras), la cada vez más elevada oferta de comida “chatarra” que encontramos en los supermercados o en las cadenas comerciales de comida rápida (¿cómo va a ser posible que cueste más una manzana que una hamburguesa con papas fritas?) o “la moda en el mundo de la salud” (como la comida ecológica, u orgánica, que es la más cara por alguna razón económica que todavía desconozco).
Como podemos ver, estamos ante un punto crítico, las variantes que promueven esta condición física son muchas, pero, si tomamos conciencia, también podemos hacer mucho para enfrentarlas y optar por un estilo de vida más sano. Y para eso, hay que empezar con nosotros mismos, no hay nada como la prevención.
En su campaña en pro de la salud, el Instituto Mexicano de la Seguridad Social (IMSS) aconseja a las personas que se midan la cintura para descubrir si su obesidad puede acarrear problemas de salud.
Créase o no, está clínicamente comprobado que hay una estrecha relación entre la cantidad de grasa que acumulamos en el abdomen y las probabilidades de presentar casos de diabetes, colesterol o enfermedades cardiovasculares. Como regla general, si una mujer adulta se hace la medición de la circunferencia de la cintura (con una cinta métrica cualquiera, no necesita una cinta especial) y presenta más de 88 centímetros (35 pulgadas), entonces el riesgo a desarrollar enfermedades es muy alto.
Si un hombre adulto se hace la medición y presenta más de 102 cms. (40 pulgadas) de cintura, también está en riesgo. En el caso de los niños, la regla general de la circunferencia de la cintura no se aplica de igual manera, sin embargo, si observamos lo que comen y lo que hacen físicamente día a día, podremos descubrir en qué punto estamos en cuanto al desarrollo de su salud. Si nuestros hijos comen cereales con mucha azúcar, beben más gaseosas (sodas) que agua, comen dulces, pizza, hamburguesas y comida congelada (casi) diariamente, entonces tenemos un problema serio de mala alimentación. Dentro de nuestras posibilidades, debemos ofrecerles a nuestras familias una comida sana.
De la misma manera, aun y cuando a veces el tiempo es poco para hacer ejercicio, si nos tomamos por lo menos diez minutos diarios para realizar alguna actividad física, tendremos menos posibilidades de desarrollar enfermedades de tipo cardiovascular.
Como podemos ver, la situación requiere de nuestra toma de conciencia y nuestras acciones. Está en nuestras manos rechazar los alimentos y actitudes que a la larga pueden afectarnos. No digo que dejemos de comer “antojitos”, de vez en cuando está bien, sin embargo no podemos vivir de ellos todos los días. Sin duda, nuestra salud depende en gran parte de nosotros mismos, empecemos hoy.
aplascencia@revistaelite.com
Fotografías (mzacha - sxc.hu / archivo particular)

