Cómo nace un líder
Por Moraima Guzman, el 2 Sep, 2008 en Observando cultura, Portada • Publique su comentario •
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Cuando llegué a este país, la población hispana no era tan grande como lo es ahora. En las escuelas particulares, no habían implementado todavía el programa de Inglés como segunda lengua (ESL), salvo en una que otra. Por este motivo, al comenzar la escuela, me vi totalmente perdida en un país extraño con una lengua que no entendía.
Para hacer mi transición más fácil, la escuela me puso como guía a una chica hispana que ya conocía un poco más las costumbres y reglas de este país. Lamentablemente, la pobre chica vivía en un estado de depresión continua; debida según yo, al hecho que estar en este país no era exactamente su sueño dorado. Así que me vi, no solo perdida, sino compartiendo mi propia depresión con otra persona aún más depresiva.
Con el tiempo todo cambia y mejora, y después de varios años y malos ratos ya estoy totalmente acostumbrada.
Fue por este y otros motivos que decidí aplicar a un programa en mi Universidad conocido como V.I.S.A. leader program (asistente voluntario para estudiantes internacionales por sus siglas en ingles). Tal como lo dice el titulo, el programa reunía a un grupo de estudiantes de la Universidad, generalmente internacionales, que ya habían pasado por la transición cultural y estaban dispuestos a ofrecer ayuda a los nuevos estudiantes internacionales que llegarían.
Tras una breve entrevista me dijeron que había sido elegida, junto a otros 17 estudiantes, para representar a nuestra Universidad. En las últimas semanas de vacaciones de verano, empezamos nuestro entrenamiento para ser “lideres,” personas que toman la iniciativa y saben desenvolverse en situaciones difíciles.
Esto último iba a ser toda una odisea para mí, ya que aunque he tenido que trabajar en equipo antes, jamás había tenido que ser la líder de dicho equipo. Sin embargo, ya era muy tarde para dar marcha atrás así que decidí poner mi mayor esfuerzo y convertirme en una “líder.”
El entrenamiento fue una oportunidad para conocer a los otros líderes, para comenzar a trabajar en equipo, y para planear lo que íbamos a hacer durante la orientación para los estudiantes internacionales.
Hubo juegos en equipo en los que todos teníamos que poner de nuestra parte para poder salir victoriosos. Mi juego favorito fue uno en el que con los ojos vendados y sin poder hablar teníamos que colocarnos en una línea de acuerdo a nuestro mes de nacimiento; hubiera dado cualquier cosa para poder observar como nos veíamos, caminando en una sala sin poder ver o hablar, y tratando de descubrir que mes éramos mediante palmadas que representaban números.
También tuvimos que planear las diferentes actividades para entretener a los nuevos estudiantes, y el último día fuimos a un río en Carolina del Norte para navegar los rápidos.
Es importante mencionar que nací en una ciudad de la costa; pero no en la costa del Atlántico, sino en la del pacifico, que irónicamente de pacifico no tiene nada. Así que con esta fobia hacia los cuerpos de agua que se mueven con demasiada fuerza, tuve que meterme en una balsa junto a otras personas y rezarle a todos los santos para que no me cayera en el río.
Por obra y milagro de Dios no me caí, y todos trabajamos en equipo para poder vencer los rápidos que amenazaban con lanzarnos a la helada corriente.
¿Que tiene que ver el remar contra la corriente y convertirse en un líder? No sé, pero lo que si sé es que esa primera semana, y la segunda semana que fue la orientación me demostró que si puedo liderar a un grupo, aun así sea uno de cinco personas.
Todos tenemos a ese líder dentro de nosotros, solo es cuestión de encontrarlo y sacarlo a la superficie, ya sea al hacer un trabajo en grupo, o en un partido de fútbol. Yo mientras tanto, pude hacer muchas nuevas amistades, me di cuenta que hablar en publico no es tan difícil, y ahora también puedo jactarme de haber navegado los rápidos de Carolina del Norte.
mguzman@revistaelite.com
Foto jnmontario, sxc.hu


